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Qué es un programa CNC

un programa CNC es un fichero de texto. Nada más. Una lista de líneas que la máquina lee de arriba abajo, una detrás de otra, y ejecuta tal cual están escritas. No hay inteligencia ni interpretación: si la línea dice que baje 30 milímetros, baja 30 milímetros, haya pieza debajo o haya una mordaza.

Entender eso —que es una lista de órdenes literales en orden— es el 80% de perderle el miedo.

Cómo es una línea por dentro

Cada línea, que en el oficio se llama bloque, se compone de letras seguidas de números. Cada letra significa una cosa:

N40 G01 X50. Y25. F250 S1200 M08

La N numera el bloque, y es opcional: sirve para referirte a él («párame en el N40»). La G dice cómo moverse. X, Y, Z son las coordenadas de destino. La F es el avance, la velocidad a la que se desplaza mientras corta. La S son las revoluciones del husillo. Y la M enciende o apaga algo — aquí, el refrigerante.

No todas las letras tienen que estar en todas las líneas. Si una no aparece, la máquina conserva el último valor que le diste. Eso se llama ser modal, y es cómodo y peligroso a partes iguales: un avance o un plano que arrastras sin darte cuenta desde veinte líneas antes.

G y M: las dos familias

Las G son funciones preparatorias: describen el movimiento. Moverse rápido, moverse cortando en recta, describir un arco, trabajar en milímetros, medir desde el cero pieza.

Las M son funciones auxiliares: accionan la máquina. Arrancar el husillo, pararlo, abrir el refrigerante, cambiar de herramienta, terminar el programa.

Una regla práctica: si la orden mueve, es G; si enciende, apaga o acciona, es M.

De dónde sale el programa

Hay dos caminos, y en un taller conviven los dos.

Escrito a mano, directamente en el control o en un bloc de notas. Es lo normal para piezas sencillas, retoques, refrentados, un taladro, una ranura. Un operario con oficio escribe treinta líneas en cinco minutos.

Generado por CAM, a partir del modelo 3D. El programador define las operaciones —desbaste, acabado, taladrado— y el software escribe los miles de líneas que hacen falta. Nadie escribe a mano el acabado de un molde.

Entre el CAM y la máquina hay una pieza que conviene conocer: el postprocesador. Es lo que traduce la salida genérica del CAM al dialecto concreto de tu control. Un programa postprocesado para una Haas no vale tal cual para una Fanuc.

Quién lo carga y qué pasa antes de dar ciclo

El programa llega al control por red, por USB o escrito allí mismo. Pero entre cargarlo y apretar el botón verde hay cuatro cosas que hace una persona, y que ningún programa resuelve:

Amarrar la pieza, que aguante los esfuerzos de corte sin moverse.

Poner las herramientas en el almacén, en los números que el programa espera. Si el programa pide T03 y en el T03 hay otra cosa, la máquina la coge igual.

Medir y cargar los correctores: la longitud de cada herramienta y su radio. Sin esto la máquina no sabe dónde está la punta.

Reglar el cero pieza y guardarlo en G54. Es el origen desde el que el programa mide todo.

Los cuatro son del operario, no del programa. Y los cuatro son donde se concentran los errores caros.

La primera vez siempre se simula

Ningún programa nuevo va directo a corte. El orden habitual:

Primero simulación gráfica en el control o en el CAM, que enseña la trayectoria y avisa de colisiones evidentes. Luego marcha en vacío, con la máquina ejecutando el programa sin pieza o con el eje Z desplazado hacia arriba, para ver los movimientos reales. Después la primera pieza a avance reducido, con la mano en el potenciómetro y el dedo en la seta. Y solo entonces, producción.

Saltarse esto es lo que produce las historias que se cuentan en los talleres.

Lo que no hace un programa

Conviene decirlo claro porque marca dónde acaba el CNC y empieza el oficio. El programa no sabe si la herramienta está afilada. No sabe si la pieza está bien amarrada. No sabe si el material es el que tú crees. No decide velocidades: las ejecuta, las decides tú o el CAM. Y no distingue entre aire y acero: si le dices que entre a 500 mm/min, entra.

Por eso un operario con criterio vale más que un programa perfecto. El programa es la partitura; quien toca sigue siendo el que está delante de la máquina.


Siguiente paso: ya sabes qué es un programa y cómo se compone una línea. Lo siguiente es reconocer las instrucciones que aparecen en casi todas: los diez códigos que verás en cualquier programa del taller.